Nuestro colegio

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martes, 29 de mayo de 2012

TEATRO PARA CELEBRAR EL DÍA DEL LIBRO

La experiencia del teatro fue algo interesante y nos demostró que podíamos organizarnos para hacer algo de lo que no solo nosotros disfrutásemos y nos lo pasamos muy bien. En un principio, íbamos a representar dos obras por clase y lo haríamos en las aulas de infantil. En nuestra clase, entre todos decidimos representar “Blancanieves” y Peter Pan”.  Todo el mundo, sin excepción, se mostró interesado en participar en la obra, había papeles para todos.
Me mandaron escribir dos guiones de teatro, no muy extensos, pensados para niños pequeños y que tuvieran un escenario fácil de cambiar. El tema del escenario fue algo sencillo, a la vez que complejo. Mientras escribía, se me ocurrió la idea de hacer un escenario en movimiento y que tuviera gran importancia en la obra, sin pasar desapercibido y, para ello, dibujé los escenarios a mano. Encargamos a Lucía Sevillano que lo retocase a ordenador, ya que a ella se le da muy bien hacer dibujos con fotoshop. La idea era que los colores fueran chillones, porque eso es a lo que los niños están más acostumbrados, y escenarios sencillos, para que no se le quitase importancia a los actores y los niños estuvieran atentos. Pusimos los dibujos de “Blancanieves” en un power point y seleccioné parte de la música que utilizaríamos para la obra, música sin letra, que gustase a los niños y que armonizase con las escenas. Gracias al power point, las imágenes se movían de un lado a otro del escenario y, mientras los actores fingían caminar, parecía que lo hiciesen de verdad o, en una escena se hacía de noche poco a poco, como si fuera real. Aquello quedó mejor de lo que esperaba, pues dejó con la boca abierta a todos.
Por otra parte, fue interesante escribir los guiones de forma que los niños se rieran o prestaran más atención a la obra. Para ello, los actores debían hablar con ellos, hacerles preguntas, escucharlos e improvisar si era necesario y también debían caracterizar de forma exagerada los rasgos de su personaje. Hubo algunas escenas divertidas, como las del capitán Garfio, la del fantasma de Blancanieves, la del cazador y el príncipe… Aquello gustó mucho a los niños.
Pero la música y el escenario no dejaron de ser algo verdaderamente importante en la obra. Y, cuando nos dimos verdadera cuenta de ello, fue cuando comenzamos a representar la obra de “Blancanieves” y los altavoces se nos estropearon. Fue terrible, no me lo podía creer: los niños miraban sin ningún interés la primera escena y observaron indiferentes cómo transcurría la obra con sus partes graciosas. Ninguno reía, e incluso muchos no prestaban atención. Sin embargo, cuando conseguimos arreglarlos y repetimos la escena, fue increíble: los niños gritaban, reían y se divertían. Porque la música y la ambientación les ayudaba a entender lo divertido de la obra.

Comenzamos a representar “Blancanieves”, ya que era la obra cuyo guión nos venía mejor. Me alegré mucho al saber que mi guión de “Peter Pan” había sido escogido también por la otra clase y le dejamos la música, los escenarios y el guión a Ana García para que se ocupase de dirigir la otra obra. Ella retocó el guión, reescribiendo algunas escenas y creó el montaje de los escenarios para su obra.
También nos enteramos de que, al final, la obra no iba a ser representada en las aulas sino en el escenario del gimnasio, para todos los niños de infantil, por lo que tendríamos que esforzarnos aún más para que todo saliera bien y gustara al público.
A pesar de ser solo una obra, en lugar de dos, aquello no dejaba de ser todo un reto. Solo teníamos cuatro días para ensayar. Hicimos lo imposible por ensayar todo el tiempo que estuviera en nuestra mano. En un principio, me limité a mirar cómo los demás leían el guión, pero como aquello no avanzaba, tomé las riendas y me puse a dirigir los ensayos (aunque mis compañeros sustituirían la palabra “dirigir” por “gritar”, ya que acabé ronca). Fui estricta con la dirección (izquierda o derecha) que debían tomar los actores para que el conjunto actores-escenario quedase bien. Ensayamos casi sin parar durante varias horas cada día y nos fue muy bien. Tanto, que decidimos añadir un baile sencillo, que no tardaron en aprenderse todos. Utilizamos muy pocos objetos, no los necesitábamos, pues nos empeñamos, sobre todo, en que las actuaciones resultasen divertidas para los niños.
El último día llegaron los nervios. Tras el ensayo general, el cual salió perfecto, todos comenzaron a prepararse para representar la obra. Los disfraces eran de lo más originales y, algunos de ellos, verdaderamente divertidos. Incluso los que simplemente colaboraban se pusieron distintos gorros de animales. Incluso hubo maquillaje.
Pero llegaron los problemas… Algunos actores no aparecían y temíamos que no viniesen. Nos tocó representar la obra después de 3º A, por lo que, cuando nosotros estuviéramos en el escenario, los niños estarían más cansados y sería más difícil captar su atención. Tuvimos que cambiar de ordenador y, como no estaba acostumbrada a ensayar con ese, las escenas cambiaron por error en más de una ocasión (irónicamente, la que se hartaba a gritar en los ensayos fue la que peor hizo su papel…), lo cual me puso aún más nerviosa. Y cuando se rompieron los altavoces fue lo peor de todo, no podía creérmelo. Los niños empezaron a revolucionarse, el público se impacientaba. Pero cuando Julio Asencio y Javier Pastor me preguntaron qué hacer, sin dudarlo, les pedí un micrófono y me puse a charlar con los niños. Aquello fue lo que más me gustó de todo. Dejaron de gritar y respondieron a mis preguntas e, incluso, saqué a una niña al escenario. Cuando la música sonó de nuevo y supimos que los altavoces ya funcionaban, todos aplaudieron y se reanudó el espectáculo.
Al final del todo, hicimos el baile, a los niños les costaba seguirlo, así que empezamos a inquietarnos. En un principio, teníamos pensado sacar a seis niños al escenario a bailar pero, por alguna razón que desconozco, aquellos seis niños se convirtieron en, por lo menos, unos 20 o 30. ¡Madre mía, el escenario temblaba!
Al final, todo salió bien. Ambas obras gustaron mucho a los niños y preguntamos qué obra les había gustado más, pero no se decidían entre ellos. Por suerte, eran niños pequeños y no le dieron importancia a los pequeños fallos de última hora, se lo pasaron muy bien.
Nosotros nos lo pasamos casi tan bien como ellos y algunos descubrimos lo divertido que era organizar una obra para los pequeños. Muchos demostraron ser muy buenos actores y divertidos para los niños. Aquella fue una experiencia inolvidable y creo que ambas clases estarán de acuerdo conmigo en que volveríamos a hacerlo y con la misma ilusión que la primera vez.

Leonor Jiménez Puerta (3º ESO B)